VISITANDO PARIS CON NIÑOS
Definitivamente hay un motivo por el cual París es conocida como La Ciudad de la Luz y La Ciudad del Amor, pero no como La Ciudad de los Niños. ¡Ni siquiera se pudo agenciar este título aún después de haber abierto EuroDisney!
Yo siempre creí, y sigo creyendo, que París es la ciudad más bonita del mundo. Sin embargo, debo decir que en lo que se refiere a pequeños visitantes, París dista mucho de ser el destino perfecto.
Pero, pese a los grandes y pequeños inconvenientes que encontrarán, las bellezas de París hace que todo se le perdone y que se encuentre el modo de disfrutarla aún en compañía de los niños.
Eso sí, como comentaba en la página de "Cómo viajar con un bebé y/o niños pequeños", debemos planear y adaptar las visitas a los pequeños integrantes de la familia. Al hacer esto para Karin, me permitió conocer otro París que yo no conocía. Cuando uno viaja a París con mayores, se dedica a recorrer los hermosos museos y a visitar el mayor número de monumentos posibles en la menor cantidad de días, lo cual hace que nos quede poco tiempo para disfrutar de los detalles. Karin me permitió descubrir otra ciudad dentro de los límites de mi ya preferida ciudad. ¿Cuántos de ustedes se han percatado de detalles tales como que en los jardines de Notre Dame hay un parquecito para los niños, con juegos y arena? Pequeñas islas de diversión como esta están reservadas para los ojos de los padres, que necesitan un respiro para sus hijos entre la ajitación provocada por el viaje.
¿Cuántos vieron la Torre Eiffel desde abajo, tirados en el piso? Suena extraño ir hasta París para tirarse en el pasto, pero no lo es para todos los Parisinos que van a los parques que están todo al rededor de la reconocida torre y hacen picnics con sus niños. Debo decir que la vista de la torre es casi tan impresionante desde abajo, como lo es desde arriba. Karin nos permitió disfrutar de una estupenda tarde relajada haciendo un picnic en los parques, en vez de desperdiciar de un bonito día haciendo una tremenda cola para subir los 500 escalones.
Otro lugar que cobró otra vida para mi, fueron los Jardines de las Toullerías. Dentro de los confines de este parque puedes ver como funcionan muchos círculos sociales de París. Desde los viejitos jubilados alimentando palomas, pasando por los adolescentes que se divierten cuando faltan a clases, hasta seciones de fotografías para las revistas de modas más conocidas. Todo esto atraerá tanto la atención de tu bebé, como la calesita (que es toda una antiguedad, aunque no tengan niños le recomeindo que parena verla) y las fuentes que podrás encontrar.
Obviamente las visitas preferidas de Karin fueron los parques y las fuentes (las cuales en París se encuentran en todas las esquinas, no se pierdan la que está en el Hotel de Ville, a Karin le encantó), pero esto no quiere decir que nos olvidamos de apreciar los monumentos y el arte. Sólo hicimos algunos cambios. Cambiamos El Louvre por una visita a una exposición abierta en El Puente de las Artes, y la visita al Museo D´Orsay por un viaje en el Bateau Mouche, el cual nos permitió apreciar la arquitectura de la ciudad.
También visitamos el Arco de La Defensa. Es un barrio muy lindo e interesante. Es impresionante subir por el ascensor del edificio principal. La vista es espectacular. Dentro, vimos dos exhibiciones itinerantes. En una de ellas mostraban unas pinturas que al verlas con lentes especiales las podías ver en tres dimensiones. Pese a que Karin estaba aún muy pequeñita, disfrutó mucho del "juego" de acercarnos y alejarnos de los cuadros con los lentes. Nada supero su admiración, cuando desde el techo del edificio pudo ver París desde arriba con el telescopio. Cuando visitamos París Karin tenía trece meses. Hay quien dice que a esa edad son muy pequeñitos para entender esto o disfrutar de aquello. Creo que la suerte de Karin es que nosotros nunca creemos esos comentarios. Tal vez no lo disfrute tanto como un niño más grande, pero en el momento es impagable ver sus sonrisas y los ojitos interesados con los que mira un cuadro. Yo creo que a cada edad el niño aprecia lo que puede en ese momento, y todas estas experiencias les sirven en el futuro. Al menos puedo decirles que al día de hoy, Karin que ya tiene dos años, reconoce los museos y las galerías de arte y siempre se porta bien cuando está dentro de ellas y mira las obras con mucha atención. También ha reconocido las calesitas y juegos que vió en un país, cuando meses más tarde vió alguno similar en otro. Así que a su manera, algo va quedando en su memoria.
Como buenas mujeres, tampoco nos olvidamos de la moda. Visitamos las tiendas de ropa para niños, las cuales son sencillamente encantadoras, y los precios nos dieron una grata sorpresa. No sé si es porque vivimos en México donde la ropa linda de niños es prohibitiva, pero las cositas que le compramos a Karin nos parecieron razonables. Eso sí, tengan cuidado, porque hay mucha variedad y si no se fijan, puede que entren en una de las tiendas carísimas, que también las hay.
Para culminar la experiencia parisina, un día decidimos mostrárselo por la noche. Ese día por la tarde nos quedamos tranquilitas en el hotel, para que ella descansara. Luego a eso de las 6PM la llevamos a cenar y de ahí a caminar por los estupendos bulevares. Vimos el arco de triunfo iluminado y la Torre Eifel que por la noche centellea de luces. Paseamos, tomamos fotos y a eso de las 9:30PM regresamos al hotel, cansados pero muy contentos, sabiendo que habíamos disfrutado grandemente del viaje a París con nuestra pequeña.
QUE TENER EN CUENTA PARA FACILITAR EL VIAJE
El transporte en París es caro, motivo por el cual de seguro terminarán usando el metro. No hay nada más anti-bebé que los metros de París. El acceso es mediante molinetes y en casi ningún lado hay una puerta separada para lisiados y carritos de bebé. También están llenos de escaleras y los ascensores son casi inexistentes. La única estación de metro que tiene ascensor y puerta en vez de molinete que encotramos es El Arco de La Defensa. Exceptuando esta, todas las demás estaciones te darán problemas si llevas cochecito de bebé. Así que mi consejo es: si puedes evitar el uso de cochecitos, hazlo. En París, no sólo los metros, sino también sus calles de adoquines, se prestan mucho más para mochilas y baby-carriers que cochecitos.
Ahora si eres un padre que viaja solo y quieres recorrer mucho y quieres llevar un cochecito, garantízate de que sea fácil de cerrar, y de que una vez cerrado sea pequeño, para que puedas fácilemente cargarlo en una mano, mientras que cargas con la otra al bebé y pasas por los molinetes con bebé, carrito y bolso. Si por desgracia tu bebé se durmió justo antes de pasar por el molinete, como me dijo una mamá francesa: ¨pide ayuda a una mamá francesa¨. Ellas están acostumbradas a lo incómodo de la situación y han aprendido como saltar los cochecitos por encima de los molinetes o como trancarlos para que el coche pase y te ayudarán de buenísima gana, porque entienden el problema. Yo me ví gratamente sorprendida con cómo venían a ayudarme cuando me veían con cara desconcertada ante el problema.
Los cambiadores para bebés en los baños son tan difíciles de encontrar como los ascensores en los metros. Así que si estás en un parque, simplemente cambia al bebé en un banco o sobre el césped.
También hay que contar las buenas consideraciones de París para con los niños. Si sobrevisite al viaje, enel momento de irte no te preocupes. París pensó que a esta altura los padres deben estar cansados, así que agregó áreas para niños en los aeropuertos, donde tus pequeñitos podrán divertirse y cansarse antes de entrar al vuelo.
















